domingo, 22 de enero de 2017

Senaquerib - Wikipedia, la enciclopedia libre

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Senaquerib




Sargón II (a la derecha) con su hijo el príncipe Senaquerib en un bajorrelieve de Dur-Sharrukin (Museo del Louvre).
Senaquerib (Acadio: Śïn-ahhe-eriba, "Sin ha reemplazado a mis hermanos (perdidos) por mí") fue rey de Asiria desde el 12 de Av (julio-agosto) de 705 a. C. hasta su muerte, el 20 de Tevet (diciembre-enero) de 681 a. C., así como de Babilonia entre 705 y 703, y nuevamente desde 689 a. C. hasta su muerte.


Hijo y sucesor de Sargón II, estuvo ocupado en incesantes conflictos por todo el Creciente fértil durante la mayor parte de su reinado, guerreando con Elam, Urartu y Egipto. Combatió al rey Ezequías de Judá, asedió infructuosamente Jerusalén y arrasó Babilonia tras varias revueltas contra su dominio, la última de las cuales provocó la muerte de su hijo y heredero, Aššur-nādin-šumi,
desgracia que acarrearía un conflicto sucesorio, a resultas del cual
murió asesinado por dos de sus hijos en una revuelta palaciega. Fue
sucedido y vengado por su hijo menor y heredero designado, Asarhaddón.


A pesar de su intensa actividad bélica, sus mayores esfuerzos los
dedicó a la arquitectura y las obras públicas. Reconstruyó con colosales
proporciones la antigua ciudad sagrada de Nínive, convirtiéndola en la gran capital de Asiria, dotándola de templos, palacios, jardines y murallas, y construyó el acueducto de Jerwan, un gigantesco acueducto para abastecerla de agua.



Índice

Vida

Comienzo del reinado (705-704 a. C.)

A su muerte en 705 a.C., Sargón II dejó un Imperio Asirio sólidamente
asentado, dotado de una eficaz administración y la maquinaria militar
más formidable de su tiempo. Senaquerib, como sucesor designado, había
sido bien instruido por su padre, y estaba versado en las artes de la
guerra, la administración y la diplomacia. Sin embargo, apenas había
subido al trono cuando comenzó una seria crisis, habitual con cada
cambio de monarca en un imperio tan despótico y odiado como fue el suyo.
Las victorias militares de Sargón no habían logrado acabar con el feroz
espíritu de independencia de los pueblos sometidos, y había situado sus
fronteras en vecindad de las tres grandes potencias próximorientales de
la época: Egipto, Urartu y Elam,
países que iban a procurar garantizar su propia seguridad espoleando
las dificultades internas de los asirios. Elam, en particular,
experimentaba una época de auge bajo el gobierno del enérgico Shuturnakhkhunte II, que había invadido Mesopotamia en 710 y 708 a.C., e iba a suscitar de nuevo muchos problemas a los asirios en Babilonia y la Baja Mesopotamia. Negándose a adoptar el título de shakkanakku ("virrey"), a fin de satisfacer al clero de Marduk
y halagar el orgullo de los babilonios, Senaquerib se proclamó Rey de
Babilonia, sin molestarse en adoptar un segundo nombre real babilonio o
prodigarse en obsequios al Marduk y sus poderosos sacerdotes.1


La campaña de Babilonia (703 a. C.)


Senaquerib durante la campaña babilonia. Relieve de su palacio de Nínive.
Pronto se encendió la llama de la rebelión en Babilonia. En 703 a.C. un desconocido hijo de esclavos, Marduk-zakir-shumi II, expulsó a los asirios y se hizo con el poder; sin embargo, fue destituido apenas un mes después por el ex monarca Merodac-Baladán, derrotado por Sargón en 710 a.C., que había permanecido más de un lustro oculto en las marismas del País del Mar, esperando el momento de su venganza. Merodac-Baladán se hizo proclamar de nuevo rey de Babilonia
y comenzó a recabar apoyos para combatir a los asirios. Empleando con
prodigalidad los inmensos tesoros de oro, plata y gemas sepultados en el
templo Esagila,
se aseguró el auxilio del rey de Elam, que le envió importantes
refuerzos al mando de su lugarteniente en jefe, un tal Imbappa, el
segundo de éste, un tal Tannânu, y diez generales más, junto con el
temible caudillo suteo Nergal-nasir,
al frente de unas fuerzas que los Anales de Senaquerib elevaban a
80.000 hombres. Pronto se hicieron con el control de las principales
ciudades de la Baja Mesopotamia, como Ur, Eridu, Nippur Kutha y Borsippa, así como del apoyo de las tribus cercanas.2


Senaquerib, reaccionó con su característico brío ("rugiendo como un
león"), movilizando un inmenso dispositivo militar y emprendiendo
personalmente la reconquista de la zona. Partió de Aššur el 20 de Shabâtu (enero-febrero). A la cabeza de un primer ejército, cercó, en las proximidades de Kutha, a los rebeldes babilonios. Mientras, sus generales marcharon en vanguardia sobre la antigua ciudad de Kiš,
para mantener a raya al grueso de la coalición. Elamitas y babilonios
salieron de la ciudad al encuentro de los asirios, y trabaron combate en
la llanada de Kiš. Tras tomar Kutha al asalto y exterminar a sus
defensores, Senaquerib acudió a marchas forzadas en auxilio de sus
generales, y derrotó en batalla a Merodac-Baladán, que huyó de nuevo al
País del Mar. Los asirios tomaron prisioneros a un hijo de
Merodac-Baladán, Adinu, así como a Baskânu, hermano de Yati'e, reina de
los árabes, y numerosos soldados. De igual modo cayó en sus manos un
inmenso botín de carros, carretas, caballos, mulas, burros, camellos y
dromedarios, que formaban el aparato logístico de los vencidos, y los
suministros que transportaban. A continuación, Senaquerib entró vencedor
en Babilonia, apoderándose de los tesoros e insignias reales de
Merodac-Baladán, así como de su esposa e hijas, harén y Corte. Sin
embargo, los asirios no lograron atrapar a Merodac-Baladán,
persiguiéndolo en vano durante cinco días por las marismas de la Baja
Mesopotamia. En represalia, Senaquerib devastó su país de origen, Bit-Yakin.
Tras someter de nuevo toda la Baja Mesopotamia al dominio asirio,
esclavizando a los rebeldes, Senaquerib instaló en el trono a un nuevo
rey-títere, el potentado babilonio Bel-ibni,
educado en la Corte asiria. Una vez restablecida su autoridad, el
monarca emprendió el retorno a su patria, deteniéndose a someter a
distintas tribus arameas y a recibir cuantioso tributo de la ciudad de Hararati,
a orillas del Éufrates. Retornó a Asiria con un botín que sus anales
regios elevaban a la cifra de 208.000 prisioneros, 7.200 caballos y
mulas, 11.073 burros, 5.230 camellos, 80.050 cabezas de ganado y 800.100
ovejas, sin incluir el material de guerra y lo repartido entre sus
soldados.3


La campaña de los Zagros (702 a. C.)

La gran rebelión de la Baja Mesopotamia y la intervención elamita
provocó que el poderío asirio quedara en entredicho en sus límites
nororientales. El rey Ishpabara de Ellipi, país montañés situado en la vertiente occidental de los Zagros y sometido a tributo, se levantó en armas, determinado a recuperar su plena independencia, al igual que los casitas y los habitantes de Yasubigallai. Por ello, Senaquerib emprendió una difícil y devastadora campaña en estas escarpadas regiones, en 702 a. C. Primero tomó la ciudad de Bit-Kilamzakh, reconstruida y convertida en capital de un distrito, que pasó a depender del gobierno de Arrapkha. Los montañeses sometidos fueron obligados a asentarse en la nueva capital, así como en las ciudades de Hardishpi y Bît-Kubatti. Una estela conmemoró la conquista asiria.4


A continuación, los asirios se dirigieron contra el corazón de Ellipi. Tras tomar sus capitales, Murubishti y Akkuddu,
así como las principales ciudades y fortalezas del reino, los asirios
se dedicaron a arrasar el territorio y esclavizar a sus habitantes,
antes de someter a su gobernantes a nuevos tributos. Una parte del
territorio de Ellipi, la región llamada Bît-Barrû, fue anexionada por Asiria y convertida en una provincia con capital en Elenzash, rebautizada como Dür-Śïnakheheriba ("Fortaleza de Senaquerib"), e integrada en el círculo militar de Kharkhar (Kar-Sharrukín). Incluso las lejanas tribus medas rindieron tributo a los conquistadores.5


La campaña del Oeste (701 a. C.)


Relieve de un guerrero asirio, procedente de Dur Sharrukin (Museo del Louvre).
También en Siria y el Levante mediterráneo la muerte de Sargón II
provocó el estallido de una revuelta general entre los principados
tributarios de los asirios, instigados por Egipto, que en aquel entonces estaba gobernado por el beligerante Shabitko, de origen kushita. En la ciudad-Estado filistea de Ascalón, el rey Sharru-lu-dari, entronizado por Sargón II, fue depuesto y sucedido por Sidka. En las fenicias Sidón y Tiro, su soberano, Luli también se unió a la revuelta. Asimismo, el gobernador asirio de Cilicia se alzó en armas, y con él los colonos griegos asentados en la polis de Tarso. El rey Ezequías de Judá
recibió cartas de Merodac-Baladán de Babilonia, animándole a unirse a
la rebelión, y convirtiéndose en el pilar en torno al cual gravitaron
las fuerzas antiasirias en Palestina.6 El rey pro-asirio de Ecrón, Padi, fue destronado por los egipcios y enviado encadenado a Ezequías, para mayor humillación.7


Siendo tal la situación en el Levante, en 701 a. C.,
tras sus victorias en los Zagros, Senaquerib marchó hacia el Oeste para
someter de nuevo a los sublevados contra el yugo asirio. En primer
lugar, la revuelta cilicia fue aplastada y la colonia griega de Tarso
destruida. Tiro se rindió a los asirios. Su rey, Luli, se vio forzado a huir a Chipre, donde fallecería, y Senaquerib impuso a un tal Itobaal como nuevo príncipe en la ciudad-Estado, que perdió el control de Sidón y de Acre, que formaron un nuevo reino. Los reyes de las ciudades costeras fenicias, Menachem de Samsimuruna, Abdi-liti de Arvad y Uru-miliki de Biblos,
se sometieron nuevamente. A continuación, el emperador asirio se
dirigió hacia el sur, recibiendo el homenaje de diversos reyes: Mitinti de Asdod, Budu-ilu de Beth-Ammon, Kamusu-nadbi de Moab y Malik-rammu de Edom.
Pero las cosas no fueron tan sencillas. Ascalón hubo de ser tomada por
la fuerza, junto con las ciudades vecinas del mismo reino, Beth-Dagon, Joppa, Banaibarka y Asuru.
Sidka fue tomado prisionero junto con su familia, tesoro y dioses, y
Sharru-lu-dari restaurado en el trono de Ascalón. Pero el dominio asirio
sobre Levante distaba mucho de haberse restablecido.8


Volviendo su atención hacia el interior, hacia Judá, la Biblia
indica que -en represalia por su traición- los asirios sitiaron y
capturaron muchas de sus ciudades y pueblos fortificados. Ezequías envió
un mensaje a los asirios que procedían en el asedio de Laquis, reconociendo su traición y ofreciéndose a pagar el tributo que Senaquerib le impusiera a cambio de la paz: A
los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib, rey de Asiria,
contra todas las ciudades fortificadas de Judá y las tomó. Entonces
Ezequías, rey de Judá, envió a decir al rey de Asiria que estaba en
Laquis: Yo he pecado; apártate de mí, y haré todo lo que me impongas. Y
el rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá, trescientos talentos de
plata y treinta talentos de oro
.9
La captura asiria de Lakís se presenta en un célebre friso, donde el
cruel monarca aparece sentado sobre un trono ante la ciudad vencida,
aceptando los despojos que le llevaban de aquella ciudad mientras se
torturaba a algunos de los cautivos. Senaquerib envió a tres de sus
capitanes, Rabsaqué, Tartán y Rabsarís, con una poderosa fuerza militar
para pedir al rey y al pueblo de Jerusalén que capitularan y con el
tiempo se sometieran a ser enviados al exilio. El mensaje asirio
despreciaba de manera particular la fe de Ezequías en Yahvé. Alardeando
sobre cómo su dios sería tan impotente como los dioses de los países que
ya habían caído ante el poder asirio:


Que no te engañe tu Dios, en quien confías, haciéndote pensar que Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria.

Tú has oído, seguramente, lo que hicieron los reyes de Asiria a todos
los países, al consagrarlos al exterminio total. ¿Y tú, te vas a librar?

¿Libraron acaso sus dioses a esas naciones que mis padres han destruido,
a Gozán, Jarán, Résef y a la gente de Edén que está en Telasar?

¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de la ciudad de
Sefarvaim, el de Hená y el de Ivá? Dio, por tanto, Ezequías toda la
plata que fue hallada en la casa de IHVH, y en los tesoros de la casa
real.


El relato bíblico no especifica la liberación del rey Padi de Ecrón,
pero muestra que Ezequías pagó el exorbitante tributo de 300 talentos de
plata y 30 talentos de oro que exigió Senaquerib. La embajada asiria
regresó con su monarca, quien a la sazón estaba luchando contra Libná, y
se oyó decir respecto al príncipe kushita Taharqa, futuro faraón, "Mira que ha salido a pelear contra ti".11 Las inscripciones de Senaquerib hablan de una batalla en Elteqeh, unos 15 km al NNO de Ecrón, en la que derrotó a un ejército egipcio y las fuerzas del rey de Etiopía. Luego, conquistó las ciudades de Timnah y Ecrón, donde ejecutó a los líderes rebeldes y restauró en el trono al liberado Padi.12


La campaña de Judá y el sitio de Jerusalén (701 a. C.)


La caída de Senaquerib, obra temprana de Rubens.
En cuanto a Jerusalén, aunque Senaquerib había enviado cartas
amenazadoras advirtiendo a Ezequías que no había desistido de su
determinación de tomar la capital de Judá,13 la Biblia dice que los asirios ni siquiera "[dispararon] allí una flecha", "ni [alzaron] contra ella cerco de sitiar". La Biblia dice que "no disparará contra ella (Jerusalén) una flecha"14
en una profecía del profeta Isaías, pero el hecho es que, tras derrotar
a los egipcios. Senaquerib se volvió contra Judá, tomando varias
ciudades amuralladas y poniendo sitio a Jerusalén.15 Según el relato bíblico Yahvé envió un ángel, que en una noche derribó a "ciento ochenta y cinco mil hombres en el campamento de los asirios": "se levantaron por la mañana, y he aquí que todos eran cadáveres". Tal desastre obligó a Senaquerib a regresar "con rostro avergonzado a su propio país".16 El historiador judío del siglo I, Flavio Josefo, citaba al babilonio Beroso, cuando escribía:



La destrucción de Senaquerib

Bajaron los asirios como al redil el lobo:

brillaban sus cohortes con el oro y la púrpura;

sus lanzas fulguraban como en el mar luceros,

como en tu onda azul, Galilea escondida.


Tal las ramas del bosque en el estío verde,

la hueste y sus banderas traspasó en el ocaso:

tal las ramas del bosque cuando sopla el otoño,

yacía marchitada la hueste, al otro día.


Pues voló entre las ráfagas el Ángel de la Muerte

y tocó con su aliento, pasando, al enemigo:

los ojos del durmiente fríos, yertos, quedaron,

palpitó el corazón, quedó inmóvil ya siempre.


Y allí estaba el corcel, la nariz muy abierta,

mas ya no respiraba con su aliento de orgullo:

al jadear, su espuma quedó en el césped, blanca,

fría como las gotas de las olas bravías.


Y allí estaba el jinete, contorsionado y pálido,

con rocío en la frente y herrumbre en la armadura,

y las tiendas calladas y solas las banderas,

levantadas las lanzas y el clarín silencioso.


Y las viudas de Asur con gran voz se lamentan

y el templo de Baal ve quebrarse sus ídolos,

y el poder del Gentil, que no abatió la espada,


al mirarle el Señor se fundió como nieve.
"Senaquerib, de la expedición de Egipto regresó a Jerusalén, donde
encontró a las tropas comandadas por Rapsaces en gran peligro por la
peste. Dios les envió una enfermedad que, en la primera noche en que
sitiaron a la ciudad mató a ciento ochenta mil soldados, con sus
capitanes y centuriones."


Las inscripciones de Senaquerib no mencionan nada respecto a este
desastre, pero en vista del tono jactancioso que domina habitualmente
las inscripciones de los soberanos asirios, difícilmente cabría esperar
que Senaquerib registrara tal derrota. No obstante, la versión asiria
del asunto, inscrita en el llamado Prisma de Senaquerib, conservado en el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, muestra que, si bien Senaquerib no llegó a tomar Jerusalén, Judá fue sometida de nuevo al dominio asirio:


"En cuanto a Ezequías el Judío, que no se sometió a mi yugo, puse
sitio a 46 de sus ciudades fuertes, e innumerables aldehuelas de sus
inmediaciones, y (las) conquisté mediante arietes y máquinas de asedio.
Saqué (de ellas) 200.150 personas, jóvenes y ancianos, varones y
hembras, [así como] innumerables caballos, mulas, asnos, camellos y
ganado mayor y menor, que le arrebaté y consideré botín. A él mismo
(Ezequías), encerré en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro
en una jaula. [...] Las ciudades que había tomado a saco desgajé de su
país y las entregué a Mitinti, rey de Ašdod, a Padi, rey de Ecrón, y a
Sillibel, rey de Gaza. Y así disminuí su territorio. (...) El propio
Ezequías, fue por el terrible esplendor de mi majestad, y los árabes y
las tropas mercenarias que había traído para reforzar Jerusalén, su
ciudad real, le abandonaron. Me envió más tarde a Nínive,
mi ciudad señorial, además de 30 talentos de oro, 800 talentos de
plata, piedras preciosas, antimonio, grandes bloques de piedra roja,
lechos (taraceados) con marfil, sillas [taraceadas] con marfil, cueros
de elefante, madera de ébano, madera de boj [y] toda clase de valiosos
tesoros, sus hijas, concubinas, músicos y músicas. Para entregar el
tributo y rendir obediencia como un esclavo envió a sus mensajeros
(personales)."


Algunos comentaristas intentan explicar el desastre refiriéndose a un relato de Heródoto19 en el que cuenta que sobre el campamento asirio "cayó
durante la noche un tropel de ratones campestres que royeron sus
aljabas, sus arcos y, asimismo, los brazales de sus escudos"
, lo que
los incapacitó para la invasión de Egipto. Este relato obviamente no
coincide con el registro bíblico, ni tampoco armoniza con las
inscripciones asirias. No obstante, los relatos de Beroso y Heródoto
reflejan el hecho de que las fuerzas de Senaquerib sufrieron una
repentina calamidad en esta campaña.


La segunda campaña de Babilonia (700 a. C.)

A pesar de su victoriosa campaña en Levante, las dificultades de
Senaquerib no habían terminado. Aprovechando que el monarca asirio
estaba comprometido junto al grueso de sus fuerzas en el oeste, el tenaz
rey babilonio Merodac-Baladán reapareció y volvió a alzar en armas al
sur de Mesopotamia. Marchando sobre Babilionia en la cuarta campaña de
su reinado, el monarca asirio depuso y tomó prisionero al entonces rey,
Belibni, cuya lealtad era más que sospechosa, para avanzar a
continuación sobre Bit-Yakin. Shuzubi el caldeo, señor de Bitûtu, huyó.
Con objeto de acabar de una vez con la revuelta, Senaquerib envió a sus
tropas al corazón mismo de las marismas. Merodac-Baladán retrocedió ante
el avance de las huestes asirias, pero, finalmente, fue acorralado en
sus últimos reductos a orillas del Golfo Pérsico. Embarcó entonces una
parte de sus tropas, las estatuas de sus dioses e incluso los huesos de
sus antepasados, y navegó por la costa hasta la ciudad elamita de
Nagitu, donde buscó refugio. Las tropas asirias, que no pudieron impedir
su huida, batieron los cañaverales y sus poblaciones, saqueando la
región hasta la frontera de Elam y trajeron, entre los prisioneros, a
varios príncipes reales y a los hermanos que el monarca fugitivo había
dejado atrás. A fin de solventar la irritante y siempre renaciente
rebelión, espoleada por la permanente traición de los babilonios,
Senaquerib decidió esta vez poner en el trono de Babilonia a su propio
primogénito, el príncipe heredero, Aššur-nādin-šumi, el cual ejercería un férreo dominio sobre la Baja Mesopotamia al tiempo que iba aprendiendo el ejercicio del poder.20


La campaña de Nippur (699 a. C.)

Estos acontecimientos tuvieron repentina repercusión en Elam. Una
revuelta palaciega derribó a Šutruk-Naḫḫunte II, en provecho de su
hermano más joven, Ḫallušu-Inšušinak, que reinó en Susa desde 699 a 693 a. C.
Este cambio provocaría nuevas guerras, pero, por el momento, la
tranquilidad parecía reinar de nuevo en el Imperio Asirio, si bien la
regia vanidad exigió que se registrara como "quinta campaña" una
expedición menor contra la ciudad de Utku, en los montes de Nippur,
al este del Tigris. Senaquerib dejó que sus generales se encargaran
solos de reprimir la rebelión del gobernador de Cilicia, Kirua, en 696,
cuya capital fue tomada al asalto; él mismo fue enviado prisionero a
Nínive, donde fue desollado. Al año siguiente hubo una campaña punitiva
contra Til-Garimmu,
cerca del Tauro. Él mismo se quedó en la propia Asiria, consagrándose a
la realización de una obra que deseaba vivamente: la construcción de su
propia capital.21


La reconstrucción de Nínive (c. 705 - 690 a. C.)


Un toro alado o Shedu asirio, procedente de Dur Sharrukin.
Al ascender al trono Senaquerib abandonó la inacabada ciudad de su padre, Dur Sharrukin, convertida en una simple capital provincial. Centró sus esfuerzos constructivos en la antigua ciudad de Nínive,
un ancestral centro religioso de gran importancia que nunca había sido
corte real, con objeto de convertirla en la más bella ciudad del reino y
en capital de su pujante imperio. El rey la reconstruyó desde sus
cimientos e hizo de ella una fastuosa metrópolis. La primera versión de
los anales de su reinado, escrita después de la campaña de 703 a.C., ya comprendía un balance prometedor de las obras de Nínive. La quinta, en 694 a. C., fecha en que fue inaugurado solemnemente el nuevo palacio, ofrece una descripción completa.


Senaquerib poseía un vivo interés por el urbanismo y la ingeniería,
pasión por la belleza y refinados gustos artísticos. En primer lugar, el
rey asirio amplió el perímetro de la ciudad enormemente, de 9.300 a
21.815 codos.
Agrandó sus plazas y calles, hizo construir a la puerta de la ciudad
interior un puente de ladrillos y cal, dispuso una triunfal «vía real»,
de más de treinta metros de ancha y bordeada de estelas que, a través de
la ciudad, venía a parar a la «Puerta de los Jardines», una de las
quince grandes puertas de la muralla exterior, de 40 ladrillos de
espesor y 100 de alta, y protegida por un foso de cincuenta metros de
anchura. Tenía entre 15 y 18 puertas impresionantes, cada una de ellas
dedicada a una divinidad. Se desvió el canal Tebiltu, cuyas aguas habían
minado los cimientos del antigua acrópolis, que no medía más que 395
codos por 95. Tras rellenar el antiguo cauce, la plataforma se expandió a
914 codos por 440, y alzada hasta una altura de 190 hileras de
ladrillos. Sobre esta superficie se edificó un espectacular palacio.
Tenía al menos 80 habitaciones, y 3 kilómetros de decoración mural sobre
placas de alabastro adosadas a los muros de adobe. Senaquerib lo
bautizó como "Palacio sin rival". Para su construcción hizo venir
de todas partes los materiales necesarios. Se explotaron nuevas
canteras, talaron bosques aún vírgenes, y refinaron las artes de la
escultura y la metalurgia. Monstruosos toros alados con cabezas de reyes
barbudos, los Shedu, franqueaban sus principales puertas.22


La campaña de Elam (693 a. C.)


Birreme asirio, c. 700 a. C.

La destrucción de Babilonia (689 a. C.)


Relieve de un guerrero asirio, procedente de Dur Sharrukin (Museo del Louvre).

La paz y el problema sucesorio (688-681 a. C.)

Tras la destrucción de Babilonia, los ocho años restantes del reinado
de Senaquerib fueron de aparente paz. El rey permaneció en Nínive,
entregado a tareas constructivas, aunque sus generales dirigieron alguna
campaña punitiva -por ejemplo contra los árabes.23 Apenas tres meses después de la caída de Babilonia, murió Khumbannimena II, rey de Elam, y le sucedió Khumbankhaltash II,
que probablemente fuera su sobrino. Bajo su pacífico reinado. Elam vio
crecer su influencia: Ellipi y el País del Mar -donde se instaló como
gobernante un hijo del tenaz Merodac-Baladán- se sacudieron la tutela
asiria para volverse hacia Elam. En Anatolia, el país de Tabal también
recobró su independencia, y Urartu
ocupó de nuevo Musasir y algunas regiones vecinas de la frontera
septentrional de Asiria. Por tanto, Senaquerib no fue capaz de mantenr
intactas las fronteras del dilatado imperio forjado por su padre.24


En el interior del país se sucedieron los problemas, paralizando
nuevas ofensivas que permitieran el restablecimiento de la hegemonía
asiria en todos los frentes. La muerte de su príncipe heredero provocó
una grave crisis en la corte asiria, ya de por sí dada a la intriga. La
tradición mesopotámica establecía que el hijo mayor del rey era siempre,
de derecho y de conformidad con los mandatos divinos, el legítimo
heredero del trono. Sin embargo, si llegaba a morir antes que su padre,
éste podía designar libremente a su sucesor en el poder, sin tener en
cuenta la edad o la madre. Senaquerib tenía aún cinco hijos vivos, el
menor de los cuales era Asarhaddón (Assurakhaiddina), nacido de su última esposa, Naqi'a, a la que se llamaba en asirio Zakutu.
Mujer en apariencia enérgica y ambiciosa, intrigó apasionadamente en
favor de su hijo, conquistando poco a poco el corazón del Rey. Sin
embargo, los hermanos mayores de Asarhaddón defendían no menos
encarnizadamente sus respectivas candidaturas, y contaban con sus
propias camarillas. El nacionalismo asirio se convirtió en una
importante cuestión en disputa, ya que denunciaban como crímenes las
simpatías probabilonias de la reina y su hijo. El resultado fue el
florecimiento de las luchas y las intrigas constantes en el seno de la
familia real.25


Finalmente, el elegido fue Asarhaddón, quien registró el hecho en sus propios anales regios:


"Soy el hermano menor de mis hermanos mayores. Por orden de los
dioses Assur, Sin, Samas, Bel y Nabu, istar de Nínive e Istar de Arbela,
mi padre, que me engendró, me elevó ante la asamblea de mis hermanos,
diciendo: 'Este es el hijo que me sucederá'. Interrogó a los dioses
Samas y Adad por medio de una consulta hepatoscópica, y le respondieron
con un 'sí' sin ambigüedades: 'es él quien te reemplazará'. Ateniéndose
con devoción a su solemne sentencia, reunió entonces, todos juntos, a
los habitantes de Asiria, pequeños y grandes, a mis hermanos y a la
descendescia masculina de la casa de mi padre, y delante de Assur, Sin,
Samas, Nabu (y) Marduk, los dioses de Asiria y los dioses que habitan el
cielo y la tierra, les hizo jurar solemnemente para que todos
respetaran mi derecho a la sucesión. En un mes favorable, en un día
propicio, entré en la Casa de la Sucesión..."


El 20 de tevet de 681 a. C., según el Antiguo Testamento, "sucedió
que mientras adoraba en el templo de Nisroc, su dios, sus hijos
Adramelec y Sarezer lo mataron a espada y huyeron a la tierra de Ararat"
.27 Una inscripción de su hijo, sucesor y vengador, Assarhadón, confirma esta declaración bíblica,28 aunque no menciona los verdaderos nombres de los asesinos.


Matrimonios e hijos

De su esposa principal, la reina Tasmetusarrat, tuvo probablemente los siguientes hijos documentados:


De su concubina favorita, Naqi'a, tuvo al menos un hijo y una hija:


Véase también

Referencias

Notas


  • Luckenbill 1924, 9-10; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 57.

    1. Luckenbill 1927, II, 200-201: "El
      día 20 de Tebet, Senaquerib fue muerto por sus hijos en una revuelta.
      El día 18 de Sivan, Assarhadón, su hijo, ascendió al trono."

    Bibliografía

    • BOTTÉRO, Jean, CASIN, Elena, y VERCOUTTER, Jean (1990): Los imperios del Antiguo Oriente III. La primera mitad del primer milenio. Siglo XXI, Madrid. ISBN 84-323-0118-3
    • GALLAGHER, William R. (1999): Sennacherib's campaign to Judah: New Studies. Brill Press, Boston. ISBN 90-04-11537-4
    • LIVERANI, Mario (2003): El Antiguo Oriente. Crítica, Madrid. ISBN 84-7423-623-1
    • LEICHTY, Erle (2011): The Royal Inscriptions of Esarhaddon, King of Assyria (689-669 BC). Eisenbrauns, Winona Lake. ISBN 978-1-57506-209-9
    • LUCKENBILL, D.D. (1924): The Annals of Sennacherib, Chicago, Universidad de Chicago.
    • OPPENHEIM, Leo (2003): La antigua Mesopotamia. Retrato de una civilización extinguida. Gredos, Madrid. ISBN 84-249-2368-5.
    • ROUX, Georges (1987): Mesopotamia. Historia política, económica y cultural. Akal, Madrid. ISBN 84-7600-174-6.
    • SANMARTÍN, Joaquín (1998): Historia antigua del Próximo Oriente. Akal, Madrid. ISBN 84-460-1032-1
    • SMITH, S. (1921): The First Campaign of Sennacherib, King of Assyria, BC 705-681, Londres, Luzac.

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  • Luckenbill 1924, 10 y 48-9; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 58.


  • Luckenbill 1924, 10, 50-7; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 58.


  • Luckenbill 1924, 58-9; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 58.


  • Luckenbill 1924, 59-60; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 58.


  • 2 Re: 20, 12ss.


  • Luckenbill 1924, 10-11; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 58-9.


  • Luckenbill 1924, 11 y 29-31; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 58-9.


  • 2Re 18:13, 14.


  • 2Re 18:14-35.


  • 2Re 19:8-9.


  • Luckenbill 1924, 31-2.


  • Isa 37:9-20.


  • 2 Re 19:32


  • 2 Re 18:13


  • Isa 37:33-37; 2Cr 32:21.


  • Antigüedades Judías X, 1, 5.


  • Luckenbull 1924, 11-12.


  • Historia, II, 141.


  • Luckenbill 1924, 14 y 34-5; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 59.


  • Luckenbill 1924, 14 y 61-6; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 59-60.


  • Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 60.


  • Luckenbill 1924, 17.


  • Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 63-4.


  • Luckenbill 1924, 18; Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 63-4.


  • Bottéro, Cassin y Vercoutter 1990, 64; Leichty 2011, 11-12.


  • 2Cr 32:21; Isa 37:37, 38.


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    Estudio bíblico de Isaías 38:1-39:8
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    Isaías 38 y 39
    Regresamos hoy, amigo oyente, al Libro profético de Isaías. Y llegamos ahora al capítulo 38, y aquí leemos acerca de la enfermedad del rey Ezequías, así como de su oración y sanidad. Debemos recordar que mientras el rey se encontraba acosado por el peligro del ejército Asirio, estaba gravemente enfermo. Su liberación de la muerte debe haber tenido lugar antes de la destrucción del ejército Asirio. Ezequías reinó durante 29 años. Reinó por 15 años después de su sanidad, de manera que su enfermedad tuvo lugar en el año 14 de su reinado, y se nos dice que Senaquerib vino contra Jerusalén en el año 14 del reinado de Ezequías (ver Isaías 36:1). Así que todo esto sucedió en el mismo año; nos referimos a la enfermedad de Ezequías y al sitio de Jerusalén por parte de los Asirios.
    Leamos entonces el versículo 1 de este capítulo 38 de Isaías, que encabeza el párrafo que nos expone:
    La enfermedad de Ezequías cuando se le dijo que iba a morir
    "En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y el profeta Isaías hijo de Amoz, vino a él y le dijo: Esto dice el Señor: Ordena los asuntos de tu casa, porque vas a morir. Ya no vivirás."
    Es interesante ver la forma en que comienza este capítulo. Hemos mencionado que la expresión "en aquel día" es una expresión técnica que nos habla de los días de la tribulación y del reino. Este versículo no comienza diciendo "en aquel día" sino diciendo "en aquellos días". ¿A qué días se refería Isaías? Estaba hablando de aquellos días en los que vivió Ezequías. Él estaba enfermo de muerte. Le había aparecido una llaga en su cuerpo y su estado era de extrema gravedad. Y además, estaba siendo acosado por los Asirios. Algunos creen que la llaga de Ezequías era cáncer, lepra o una enfermedad similar. En cualquier caso, se trataba de una enfermedad terminal, así que la hora de su muerte había llegado.
    La sentencia de muerte le fue comunicada a Ezequías por Isaías. Ahora, es cierto que sobre cada uno de nosotros pesa una sentencia de muerte, aunque no sabemos el día ni la hora en que se cumplirá. Pero, como dice Hebreos 9:27, que "está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio",. Ésta es una fecha divina. Si cada uno de nosotros supiera el momento exacto, nuestro estilo de vida cambiaría.
    El Dr. McGee dijo que cuando él tuvo su experiencia con la enfermedad del cáncer, y cuando su médico le informó francamente que él pensaba que sólo le quedaban unos tres meses de vida, fue consciente de cómo ciertas cosas perdían repentinamente su importancia. Una de esas cosas fue su casa, y pensó que sólo viviría en ella unas pocas semanas más, así que perdió la importancia que él le daba. Pero el lugar al cual él iba a ir se convirtió en algo importante. Pero Dios, por cierto, tenía otros planes para él, por lo cual él se sentía muy agradecido. Y le daba gracias a Dios por cada nuevo día que el Señor le concedía.
    Ahora, ¿qué fue lo que hizo este hombre Ezequías, al ser confrontado con la muerte? Leamos el versículo 2:
    "Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared e hizo oración al Señor"
    Ya hemos visto anteriormente a Ezequías en oración cuando expuso la carta del rey Asirio Senaquerib ante en Señor. Continuemos leyendo el versículo 3:
    "Y dijo: Señor, te ruego que recuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías amargamente."
    En una ocasión como ésta es lógico que un hombre llore. El autor de estos estudios manifestó que él lloró cuando se enteró que iba a morir. Pero Ezequías también oró basándose en lo que había sido su vida. Este hombre tenía una buena reputación ante Dios y en aquellos tiempos, bajo la ley de Moisés, ésta era una forma apropiada de actuar. El segundo libro de los Reyes, capítulo 18, versículo 5, nos dijo de Ezequías: "En el Señor, Dios de Israel, puso su esperanza. Entre todos los reyes de Judá no hubo otro como él, antes ni después". Ezequías fue un hombre sobresaliente. Y no estaba presumiendo cuando oró de esa manera.
    Leamos ahora los versículos 4 y 5, donde el rey recibió:
    La promesa de sanidad - el milagro del reloj de sol
    "Entonces vino palabra del Señor a Isaías, diciendo: Ve y dile a Ezequías: El Señor, Dios de tu padre David, dice así: He oído tu oración y he visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años."
    Dios escuchó y respondió a su oración, y prolongó su vida quince años más. Lo hizo, no por causa de Ezequías, sino por causa de David.
    Bueno, ésa no es la base sobre la cual Dios escucha y contesta nuestras oraciones en el presente. Nuestras oraciones son escuchadas por causa del hijo más importante de David, el Señor Jesucristo. él dijo lo siguiente en el capítulo 16, del evangelio según San Juan, versículos 23 y 24: "En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo que todo cuanto pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido". En el día de hoy usted y yo podemos acudir a Dios con nuestro pedido en el nombre de Cristo. Orar en el nombre de Cristo quiere decir que usted está unido a Cristo, y que usted está orando para que Su voluntad sea hecha. Significa que nuestro pedido es para agradarle a Él. A veces Él sanará y otras veces no lo hará. Dios es el que decide. Leamos ahora el versículo 6 de este capítulo 38 de Isaías:
    "Te libraré, a ti y a esta ciudad, de manos del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé."
    Dios unió la liberación de la ciudad de Jerusalén con la liberación de Ezequías de la muerte. Es decir que la respuesta de Dios a un pedido del creyente, le anima a éste porque también responderá a otros pedidos. Continuemos leyendo los versículos 7 y 8:
    "Esto te será por señal de parte del Señor, que el Señor hará esto que ha dicho: He aquí, yo haré regresar la sombra diez grados más de los grados que ya ha descendido en el reloj de Acaz. Y volvió el sol diez grados atrás, sobre los cuales ya había descendido."
    En aquel día Dios le dio a Ezequías una señal, que indicaba que Él respondería su oración. Otra versión traduce este versículo de la siguiente manera: "Haré que en la escalera de Acaz la sombra del sol retroceda las diez gradas que ya ha bajado. Y la luz del sol retrocedió las diez gradas que ya había bajado". La palabra "grados" también puede traducirse como "gradas" o peldaños de una escalera. Un investigador Bíblico escribió lo siguiente: "Podemos transportarnos con el espíritu al palacio de Ezequías, y a su habitación privada. Allí yace el rey postrado en su lecho, pero con su rostro ya no se haya dirigido hacia la pared, sino que la alegría y la esperanza brillan en sus ojos a medida que mira por la ventana hacia los jardines, en medio de los cuales, en un lugar prominente se destaca un obelisco, o una columna, con una sería de escalones que ascienden hacia ella, y al menos diez de ellos se encuentran en la sombra de la columna; porque la luz del sol ha descendido tanto como para arrojar la sombra sobre ese número de escalones. Pero al mirar otra vez ve que los escalones que una vez estuvieron bajo la sombra están ahora bajo la luz brillante del sol. Y ésta era la señal que el rey había pedido".
    Leamos ahora el versículo 9, que presenta el:
    Poema de alabanza de Ezequías
    "Escrito de Ezequías, rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad"
    Los versículos siguientes constituyen una buena tesis sobre la muerte, escrita por alguien que estaba muy cerca de ella. Muchos creen que Ezequías compuso el Salmo 116 en esos días.
    Ahora surge la pregunta: ¿Estuvo Ezequías acertado al pedir a Dios que prolongara su vida? Continuemos leyendo el versículo 20 de Isaías 38:
    "¡El Señor me salva! Por eso tocaremos nuestros instrumentos y cantaremos en la casa del Señor todos los días de nuestra vida."
    En ese momento brotó la alabanza en el corazón de Ezequías. Su canción de alabanza fue evidentemente preparada musicalmente para ser interpretada.
    Sin embargo, después de esta experiencia, Ezequías se convirtió en un hombre orgulloso y arrogante. En el Segundo Libro de Crónicas, que constituye el punto de vista de Dios sobre la historia, en el capítulo 32, versículo 25 leemos lo siguiente: "Pero Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, por lo cual vino la ira contra él, contra Judá y Jerusalén". Aquí tenemos evidencia del hecho de que quizá él no debía haber pedido que se le prolongara la vida, porque ello dio entrada al orgullo en su vida.
    Después de haber experimentado un milagro como el de Ezequías, existe el peligro de alejarse del Señor. Uno creería que tal experiencia le acercaría más a Él, pero aunque no lo parezca, existe el grave peligro de apartarse de Él.
    ¿Fue correcto por su parte pedirle a Dios que prolongara su vida? ¿No tendría que haber aceptado su muerte cuando le llegó la hora? Y hay otra razón que nos lleva a creer que él tendría que haber muerto cuando se encontraba gravemente enfermo. Manasés, su hijo, ascendió al trono cuando tenía solamente doce años de edad, lo cual quiere decir que Manasés nació después de la enfermedad de Ezequías. ¿Qué podemos decir acerca de Manasés? Que él llegó a ser el peor rey que tuvo cualquiera de los dos reinos. Consideramos a Manasés peor que Acab y Jezabel juntos. Y creemos que fue durante su reino que se apartó del pueblo la gloria Shekinah, símbolo de la presencia de Dios. Si no se apartó durante su reinado, no encontramos ninguna razón para que se apartara más tarde. Manasés se pareció mucho al Anticristo, el llamado por San Pablo el "hombre de pecado", cuya aparición tendrá lugar en el futuro.
    En el próximo capítulo veremos que Ezequías se comportó de manera insensata después de su experiencia de sanidad.
    Ahora, ¿cómo sanó Dios a Ezequías? ¿Le dijo a Isaías que orara sobre él? ¿Puso el profeta sus manos sobre él con tanta fuerza que éste cayó de espaldas? No, no ocurrió de esa manera. Notemos lo que Isaías dijo que se debería hacer. Leamos el versículo 21:
    "Y había dicho Isaías: Tomen una masa de higos y pónganla en la llaga, y sanará."
    Santiago dijo que se podían hacer dos cosas. En su capítulo 5:14, dijo que los ancianos de la iglesia podían ir y ungir a la persona con aceite en el nombre del Señor, y ese ungimiento no era ceremonial. Tenía, además, propiedades medicinales. Y los ancianos tenían que orar por aquel que estaba enfermo. De estos dos casos, el de Ezequías y el relatado por el apóstol Santiago, es apropiado deducir que cuando uno está enfermo, en primer lugar debe orar y acudir al médico. Dios espera que seamos sensatos. Y Dios, en su soberanía, actuará utilizando los medios que Él quiera. Y ahora llegamos al:
    Capítulo 39
    Continúa hablando sobre Ezequías y Babilonia. La transferencia del enemigo de Asiria a Babilonia es una de las características destacadas de esta sección. En ese tiempo Babilonia era una ciudad combatiente a orillas del río Éufrates, incapaz de vencer a Asiria. Sin embargo, Babilonia habría de convertirse, en los tiempos de predominio de los no judíos, en la gran cabeza de oro de la estatua mencionada en el libro de Daniel. Y ese hecho hace de éste un capítulo significativo.
    Este capítulo revela el grave error de la vida de Ezequías, así como su fragilidad humana y su debilidad. Es después de la hora de un gran triunfo espiritual, cuando tienen lugar nuestras peores derrotas.
    Leamos el primer versículo de este capítulo 3 de Isaías, que comienza el relato de cuando:
    Ezequías recibió a la embajada de Babilonia
    "En aquel tiempo, Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías, porque supo que había estado enfermo y que se había restablecido."
    Merodac-baladán, fue un personaje que para nosotros carece de significado, aunque su nombre está lleno de significado. Merodac significa el "rebelde" y baladán, significa: "No del Señor". Detrás de este rey, como antepasado, por supuesto, estaba Nimrod, fundador de Babilonia y Satanás, que es el verdadero rebelde contra Dios, y el "dios de este mundo."
    Estos embajadores trajeron una carta que halagó a Ezequías. Y en el versículo 2, del capítulo 39, leemos:
    "Se regocijó con ellos Ezequías y les mostró la casa de su tesoro: la plata y el oro, las especias, los ungüentos preciosos, toda su casa de armas y todo lo que se hallaba en sus tesoros. No hubo cosa en su casa y en todos sus dominios que Ezequías no les mostrara."
    En ese momento Ezequías no había perdido muchas de las riquezas que los reyes Salomón y David habían reunido. Y cometió el error de mostrar a los visitantes el oro y la plata que poseía, porque era inmensamente rico. En el Segundo Libro de Crónicas, capítulo 32, versículo 27 y 28, se nos dice: "Ezequías tuvo riquezas y gloria, muchas en gran manera; y adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas, perfumes, escudos, y toda clase de joyas deseables. Asimismo hizo depósitos para las rentas del grano, del vino y del aceite, establos para toda clase de bestias, y apriscos para los ganados."
    Es interesante ver cómo recibió Ezequías a los embajadores de Babilonia. Ellos le trajeron un regalo y una carta deseándole que se mejorara de parte del rey. En vez de tomar esa carta y abrirla ante el Señor, como había hecho con la carta enviada por los Asirios, la puso a un lado. Ellos le habían halagado y así él otorgó a los visitantes el trato de personas importantes. Les condujo en un recorrido de la ciudad de Jerusalén. Salomón había acaparado el mercado mundial del oro, y había hecho lo mismo con algunos otros productos. Todo ello estaba guardado en Jerusalén. Ezequías, en su insensatez, mostró a sus visitantes estas grandes riquezas, y ellos regresaron a su rey, contándole lo que habían visto y diciéndole que cuando él se encontrara lo suficientemente fuerte, podría obtener todo aquel oro, plata y alhajas que necesitaría para mantener la guerra.
    Ezequías, como ya hemos dicho, cometió un enorme error e Isaías oyó hablar de lo que él había hecho. Dice el versículo 3 de este capítulo 39:
    "Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías y le dijo: ¿Qué dicen estos hombres y de dónde han venido a ti? Ezequías respondió: De tierra muy lejana han venido a mí, de Babilonia."
    Ezequías creía haber realizado una gran acción diplomática, pero el profeta Isaías reconoció el peligro. Dice el versículo 4:
    "Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto; ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado."
    Ezequías había cometido una verdadera locura. Dicen los versículos 5 al 7:
    "Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra del Señor de los ejércitos: 6He aquí vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice el Señor. De tus hijos que saldrán de ti y que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia."
    O sea que Ezequías, con su insensatez, hizo el ridículo. Nunca debería haber mostrado sus tesoros a extranjeros. La profecía de Isaías se cumplió literalmente (ver 2 reyes 24 y 25, y Daniel 1). Finalmente, leamos el versículo 8:
    "Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra del Señor que has hablado es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y seguridad en mis días."
    La respuesta de Ezequías al profeta Isaías fue muy extraña. Fue como si hubiera dicho: "Bueno, me alegro que esta profecía no se va a cumplir en mi tiempo". O sea, que se sintió agradecido de que esos eventos no ocurrirían en sus días pero ¿qué les sucedería a sus hijos, nietos y demás descendientes? Porque esas desgracias se cumplirían literalmente en el tiempo de vida de ellos. Durante esos años ocurrieron tres cosas terribles.
    Este capítulo concluye la sección histórica del libro de Isaías. Y constituye una seria advertencia para aquellos que pretenden conducir su vida por senderos ajenos a la Voluntad de Dios.
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    Estudio bíblico de Isaías 38:1-39:8

    Estudio bíblico de Isaías 38:1-39:8








    Estudio bíblico de Isaías 38:1-39:8

    Isaías 38 y 39

    Regresamos hoy, amigo oyente, al Libro profético de
    Isaías. Y llegamos ahora al capítulo 38, y aquí leemos acerca de la
    enfermedad del rey Ezequías, así como de su oración y sanidad. Debemos
    recordar que mientras el rey se encontraba acosado por el peligro del
    ejército Asirio, estaba gravemente enfermo. Su liberación de la muerte
    debe haber tenido lugar antes de la destrucción del ejército Asirio.
    Ezequías reinó durante 29 años. Reinó por 15 años después de su sanidad,
    de manera que su enfermedad tuvo lugar en el año 14 de su reinado, y se
    nos dice que Senaquerib vino contra Jerusalén en el año 14 del reinado
    de Ezequías (ver Isaías 36:1). Así que todo esto sucedió en el mismo
    año; nos referimos a la enfermedad de Ezequías y al sitio de Jerusalén
    por parte de los Asirios.

    Leamos entonces el versículo 1 de este capítulo 38 de Isaías, que encabeza el párrafo que nos expone:

    La enfermedad de Ezequías cuando se le dijo que iba a morir

    "En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y el
    profeta Isaías hijo de Amoz, vino a él y le dijo: Esto dice el Señor:
    Ordena los asuntos de tu casa, porque vas a morir. Ya no vivirás."

    Es interesante ver la forma en que comienza este
    capítulo. Hemos mencionado que la expresión "en aquel día" es una
    expresión técnica que nos habla de los días de la tribulación y del
    reino. Este versículo no comienza diciendo "en aquel día" sino diciendo
    "en aquellos días". ¿A qué días se refería Isaías? Estaba hablando de
    aquellos días en los que vivió Ezequías. Él estaba enfermo de muerte. Le
    había aparecido una llaga en su cuerpo y su estado era de extrema
    gravedad. Y además, estaba siendo acosado por los Asirios. Algunos creen
    que la llaga de Ezequías era cáncer, lepra o una enfermedad similar. En
    cualquier caso, se trataba de una enfermedad terminal, así que la hora
    de su muerte había llegado.

    La sentencia de muerte le fue comunicada a Ezequías
    por Isaías. Ahora, es cierto que sobre cada uno de nosotros pesa una
    sentencia de muerte, aunque no sabemos el día ni la hora en que se
    cumplirá. Pero, como dice Hebreos 9:27, que "está establecido para los
    hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio",. Ésta es
    una fecha divina. Si cada uno de nosotros supiera el momento exacto,
    nuestro estilo de vida cambiaría.

    El Dr. McGee dijo que cuando él tuvo su experiencia
    con la enfermedad del cáncer, y cuando su médico le informó francamente
    que él pensaba que sólo le quedaban unos tres meses de vida, fue
    consciente de cómo ciertas cosas perdían repentinamente su importancia.
    Una de esas cosas fue su casa, y pensó que sólo viviría en ella unas
    pocas semanas más, así que perdió la importancia que él le daba. Pero el
    lugar al cual él iba a ir se convirtió en algo importante. Pero Dios,
    por cierto, tenía otros planes para él, por lo cual él se sentía muy
    agradecido. Y le daba gracias a Dios por cada nuevo día que el Señor le
    concedía.

    Ahora, ¿qué fue lo que hizo este hombre Ezequías, al ser confrontado con la muerte? Leamos el versículo 2:

    "Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared e hizo oración al Señor"

    Ya hemos visto anteriormente a Ezequías en oración
    cuando expuso la carta del rey Asirio Senaquerib ante en Señor.
    Continuemos leyendo el versículo 3:

    "Y dijo: Señor, te ruego que recuerdes ahora que he
    andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo
    que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías
    amargamente."

    En una ocasión como ésta es lógico que un hombre
    llore. El autor de estos estudios manifestó que él lloró cuando se
    enteró que iba a morir. Pero Ezequías también oró basándose en lo que
    había sido su vida. Este hombre tenía una buena reputación ante Dios y
    en aquellos tiempos, bajo la ley de Moisés, ésta era una forma apropiada
    de actuar. El segundo libro de los Reyes, capítulo 18, versículo 5, nos
    dijo de Ezequías: "En el Señor, Dios de Israel, puso su esperanza.
    Entre todos los reyes de Judá no hubo otro como él, antes ni después".
    Ezequías fue un hombre sobresaliente. Y no estaba presumiendo cuando oró
    de esa manera.

    Leamos ahora los versículos 4 y 5, donde el rey recibió:

    La promesa de sanidad - el milagro del reloj de sol

    "Entonces vino palabra del Señor a Isaías, diciendo:
    Ve y dile a Ezequías: El Señor, Dios de tu padre David, dice así: He
    oído tu oración y he visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días
    quince años."

    Dios escuchó y respondió a su oración, y prolongó su
    vida quince años más. Lo hizo, no por causa de Ezequías, sino por causa
    de David.

    Bueno, ésa no es la base sobre la cual Dios escucha y
    contesta nuestras oraciones en el presente. Nuestras oraciones son
    escuchadas por causa del hijo más importante de David, el Señor
    Jesucristo. él dijo lo siguiente en el capítulo 16, del evangelio
    según San Juan, versículos 23 y 24: "En aquel día no me preguntaréis
    nada. De cierto, de cierto os digo que todo cuanto pidáis al Padre en
    mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre;
    pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido". En el día de
    hoy usted y yo podemos acudir a Dios con nuestro pedido en el nombre de
    Cristo. Orar en el nombre de Cristo quiere decir que usted está unido a
    Cristo, y que usted está orando para que Su voluntad sea hecha.
    Significa que nuestro pedido es para agradarle a Él. A veces Él sanará y
    otras veces no lo hará. Dios es el que decide. Leamos ahora el
    versículo 6 de este capítulo 38 de Isaías:

    "Te libraré, a ti y a esta ciudad, de manos del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé."

    Dios unió la liberación de la ciudad de Jerusalén
    con la liberación de Ezequías de la muerte. Es decir que la respuesta
    de Dios a un pedido del creyente, le anima a éste porque también
    responderá a otros pedidos. Continuemos leyendo los versículos 7 y 8:

    "Esto te será por señal de parte del Señor, que el
    Señor hará esto que ha dicho: He aquí, yo haré regresar la sombra diez
    grados más de los grados que ya ha descendido en el reloj de Acaz. Y
    volvió el sol diez grados atrás, sobre los cuales ya había descendido."

    En aquel día Dios le dio a Ezequías una señal, que
    indicaba que Él respondería su oración. Otra versión traduce este
    versículo de la siguiente manera: "Haré que en la escalera de Acaz la
    sombra del sol retroceda las diez gradas que ya ha bajado. Y la luz del
    sol retrocedió las diez gradas que ya había bajado". La palabra "grados"
    también puede traducirse como "gradas" o peldaños de una escalera. Un
    investigador Bíblico escribió lo siguiente: "Podemos transportarnos con
    el espíritu al palacio de Ezequías, y a su habitación privada. Allí yace
    el rey postrado en su lecho, pero con su rostro ya no se haya dirigido
    hacia la pared, sino que la alegría y la esperanza brillan en sus ojos a
    medida que mira por la ventana hacia los jardines, en medio de los
    cuales, en un lugar prominente se destaca un obelisco, o una columna,
    con una sería de escalones que ascienden hacia ella, y al menos diez de
    ellos se encuentran en la sombra de la columna; porque la luz del sol ha
    descendido tanto como para arrojar la sombra sobre ese número de
    escalones. Pero al mirar otra vez ve que los escalones que una vez
    estuvieron bajo la sombra están ahora bajo la luz brillante del sol. Y
    ésta era la señal que el rey había pedido".

    Leamos ahora el versículo 9, que presenta el:

    Poema de alabanza de Ezequías

    "Escrito de Ezequías, rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad"

    Los versículos siguientes constituyen una buena
    tesis sobre la muerte, escrita por alguien que estaba muy cerca de ella.
    Muchos creen que Ezequías compuso el Salmo 116 en esos días.

    Ahora surge la pregunta: ¿Estuvo Ezequías acertado
    al pedir a Dios que prolongara su vida? Continuemos leyendo el versículo
    20 de Isaías 38:

    "¡El Señor me salva! Por eso tocaremos nuestros instrumentos y cantaremos en la casa del Señor todos los días de nuestra vida."

    En ese momento brotó la alabanza en el corazón de
    Ezequías. Su canción de alabanza fue evidentemente preparada
    musicalmente para ser interpretada.

    Sin embargo, después de esta experiencia, Ezequías
    se convirtió en un hombre orgulloso y arrogante. En el Segundo Libro de
    Crónicas, que constituye el punto de vista de Dios sobre la historia, en
    el capítulo 32, versículo 25 leemos lo siguiente: "Pero Ezequías no
    correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su
    corazón, por lo cual vino la ira contra él, contra Judá y Jerusalén".
    Aquí tenemos evidencia del hecho de que quizá él no debía haber pedido
    que se le prolongara la vida, porque ello dio entrada al orgullo en su
    vida.

    Después de haber experimentado un milagro como el de
    Ezequías, existe el peligro de alejarse del Señor. Uno creería que tal
    experiencia le acercaría más a Él, pero aunque no lo parezca, existe el
    grave peligro de apartarse de Él.

    ¿Fue correcto por su parte pedirle a Dios que
    prolongara su vida? ¿No tendría que haber aceptado su muerte cuando le
    llegó la hora? Y hay otra razón que nos lleva a creer que él tendría que
    haber muerto cuando se encontraba gravemente enfermo. Manasés, su hijo,
    ascendió al trono cuando tenía solamente doce años de edad, lo cual
    quiere decir que Manasés nació después de la enfermedad de Ezequías.
    ¿Qué podemos decir acerca de Manasés? Que él llegó a ser el peor rey
    que tuvo cualquiera de los dos reinos. Consideramos a Manasés peor que
    Acab y Jezabel juntos. Y creemos que fue durante su reino que se apartó
    del pueblo la gloria Shekinah, símbolo de la presencia de Dios. Si no
    se apartó durante su reinado, no encontramos ninguna razón para que se
    apartara más tarde. Manasés se pareció mucho al Anticristo, el llamado
    por San Pablo el "hombre de pecado", cuya aparición tendrá lugar en el
    futuro.

    En el próximo capítulo veremos que Ezequías se comportó de manera insensata después de su experiencia de sanidad.

    Ahora, ¿cómo sanó Dios a Ezequías? ¿Le dijo a Isaías
    que orara sobre él? ¿Puso el profeta sus manos sobre él con tanta
    fuerza que éste cayó de espaldas? No, no ocurrió de esa manera. Notemos
    lo que Isaías dijo que se debería hacer. Leamos el versículo 21:

    "Y había dicho Isaías: Tomen una masa de higos y pónganla en la llaga, y sanará."

    Santiago dijo que se podían hacer dos cosas. En su
    capítulo 5:14, dijo que los ancianos de la iglesia podían ir y ungir a
    la persona con aceite en el nombre del Señor, y ese ungimiento no era
    ceremonial. Tenía, además, propiedades medicinales. Y los ancianos
    tenían que orar por aquel que estaba enfermo. De estos dos casos, el de
    Ezequías y el relatado por el apóstol Santiago, es apropiado deducir que
    cuando uno está enfermo, en primer lugar debe orar y acudir al médico.
    Dios espera que seamos sensatos. Y Dios, en su soberanía, actuará
    utilizando los medios que Él quiera. Y ahora llegamos al:

    Capítulo 39

    Continúa hablando sobre Ezequías y Babilonia. La
    transferencia del enemigo de Asiria a Babilonia es una de las
    características destacadas de esta sección. En ese tiempo Babilonia era
    una ciudad combatiente a orillas del río Éufrates, incapaz de vencer a
    Asiria. Sin embargo, Babilonia habría de convertirse, en los tiempos de
    predominio de los no judíos, en la gran cabeza de oro de la estatua
    mencionada en el libro de Daniel. Y ese hecho hace de éste un capítulo
    significativo.

    Este capítulo revela el grave error de la vida de
    Ezequías, así como su fragilidad humana y su debilidad. Es después de
    la hora de un gran triunfo espiritual, cuando tienen lugar nuestras
    peores derrotas.

    Leamos el primer versículo de este capítulo 3 de Isaías, que comienza el relato de cuando:

    Ezequías recibió a la embajada de Babilonia

    "En aquel tiempo, Merodac-baladán hijo de Baladán,
    rey de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías, porque supo que
    había estado enfermo y que se había restablecido."

    Merodac-baladán, fue un personaje que para nosotros
    carece de significado, aunque su nombre está lleno de significado.
    Merodac significa el "rebelde" y baladán, significa: "No del Señor".
    Detrás de este rey, como antepasado, por supuesto, estaba Nimrod,
    fundador de Babilonia y Satanás, que es el verdadero rebelde contra
    Dios, y el "dios de este mundo."

    Estos embajadores trajeron una carta que halagó a Ezequías. Y en el versículo 2, del capítulo 39, leemos:

    "Se regocijó con ellos Ezequías y les mostró la casa
    de su tesoro: la plata y el oro, las especias, los ungüentos preciosos,
    toda su casa de armas y todo lo que se hallaba en sus tesoros. No hubo
    cosa en su casa y en todos sus dominios que Ezequías no les mostrara."

    En ese momento Ezequías no había perdido muchas de
    las riquezas que los reyes Salomón y David habían reunido. Y cometió el
    error de mostrar a los visitantes el oro y la plata que poseía, porque
    era inmensamente rico. En el Segundo Libro de Crónicas, capítulo 32,
    versículo 27 y 28, se nos dice: "Ezequías tuvo riquezas y gloria, muchas
    en gran manera; y adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas,
    perfumes, escudos, y toda clase de joyas deseables. Asimismo hizo
    depósitos para las rentas del grano, del vino y del aceite, establos
    para toda clase de bestias, y apriscos para los ganados."

    Es interesante ver cómo recibió Ezequías a los
    embajadores de Babilonia. Ellos le trajeron un regalo y una carta
    deseándole que se mejorara de parte del rey. En vez de tomar esa carta y
    abrirla ante el Señor, como había hecho con la carta enviada por los
    Asirios, la puso a un lado. Ellos le habían halagado y así él otorgó a
    los visitantes el trato de personas importantes. Les condujo en un
    recorrido de la ciudad de Jerusalén. Salomón había acaparado el mercado
    mundial del oro, y había hecho lo mismo con algunos otros productos.
    Todo ello estaba guardado en Jerusalén. Ezequías, en su insensatez,
    mostró a sus visitantes estas grandes riquezas, y ellos regresaron a su
    rey, contándole lo que habían visto y diciéndole que cuando él se
    encontrara lo suficientemente fuerte, podría obtener todo aquel oro,
    plata y alhajas que necesitaría para mantener la guerra.

    Ezequías, como ya hemos dicho, cometió un enorme
    error e Isaías oyó hablar de lo que él había hecho. Dice el versículo 3
    de este capítulo 39:

    "Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías y le
    dijo: ¿Qué dicen estos hombres y de dónde han venido a ti? Ezequías
    respondió: De tierra muy lejana han venido a mí, de Babilonia."

    Ezequías creía haber realizado una gran acción diplomática, pero el profeta Isaías reconoció el peligro. Dice el versículo 4:

    "Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo
    Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto; ninguna cosa hay en mis
    tesoros que no les haya mostrado."

    Ezequías había cometido una verdadera locura. Dicen los versículos 5 al 7:

    "Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra del
    Señor de los ejércitos: 6He aquí vienen días en que será llevado a
    Babilonia todo lo que hay en tu casa, lo que tus padres han atesorado
    hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice el Señor. De tus hijos que saldrán
    de ti y que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio
    del rey de Babilonia."

    O sea que Ezequías, con su insensatez, hizo el
    ridículo. Nunca debería haber mostrado sus tesoros a extranjeros. La
    profecía de Isaías se cumplió literalmente (ver 2 reyes 24 y 25, y
    Daniel 1). Finalmente, leamos el versículo 8:

    "Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra del Señor que
    has hablado es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y seguridad en mis
    días."

    La respuesta de Ezequías al profeta Isaías fue muy
    extraña. Fue como si hubiera dicho: "Bueno, me alegro que esta profecía
    no se va a cumplir en mi tiempo". O sea, que se sintió agradecido de que
    esos eventos no ocurrirían en sus días pero ¿qué les sucedería a sus
    hijos, nietos y demás descendientes? Porque esas desgracias se
    cumplirían literalmente en el tiempo de vida de ellos. Durante esos años
    ocurrieron tres cosas terribles.

    Este capítulo concluye la sección histórica del
    libro de Isaías. Y constituye una seria advertencia para aquellos que
    pretenden conducir su vida por senderos ajenos a la Voluntad de Dios.

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